Tertulia Tropical - Revista cultural - Historia y actualidad

Cuando la justicia se vistió de falda

1937. Bogotá era una ciudad con distancias cortas, aire puro, y un encantador tranvía. Para el rector de la Universidad Externado de Colombia sería un año inolvidable.
 
Ricardo Hinestrosa Daza, con sorpresa, aceptó la petición de las dos mujeres que visitaban su despacho con estas palabras : “Yo tengo mucho gusto en recibirla, pero no respondo por el comportamiento de los muchachos”. Rosa Rojas Castro era admitida en la facultad de Derecho del Externado. Una mujer, la única entre 300 hombres que estudiaban jurisprudencia. Por los pasillos de la facultad de Derecho una joven de tez morena, cara alargada; con zapatos de suela de goma y libros gruesos bajo el brazo, era acompañada por su progenitora. Durante el primer año de estudios Rosita, como sería conocida por el resto de su vida, fue escoltada por su señora madre, pues según ella, era menester que la niña se acostumbrara al ambiente. Hinestrosa Daza, en broma, se preguntaba cuál de las dos se graduaría primero.
 

Zonia Farieta, lectora de Dante

Ahora debe estar leyendo uno de esos libros que tanto le gustan. Uno de sicarios, de muerte y soledad. De esos que le hacen recordar los días en que la CIA la vino a preguntar y no dio con ella. Se llama Zonia y se apellida Farieta. La engendró un siciliano que dejó una estela de hijos cuando de paso por las Indias recaló en Colombia.
 

La 76: la legendaria locomotora de la Estación de la Sabana de Bogotá

Los datos del fabricante, la ciudad donde fue construida, y el año están inscritos frente de la máquina y a lo largo de la circunferencia de un escudo dorado.
Baldwin Lokomotive, Filadelfía, 1949.
 
En el centro se destaca un enorme número dorado. Es una de las cinco locomotoras de vapor que sobreviven en el cementerio de trenes y vagones de lo que alguna vez fue una de las construcciones más emblemáticas del sector ferroviario de Colombia.
 

Un minuto: terremoto en México

Hoy México me movió el piso. Poco después de aterrizar, mientras estaba en el área de inmigración, comenzó el sismo. Fue solo un minuto... que ahora recuerdo como si fuera una película en cámara lenta: alguien dice "está temblando", pero yo no siento nada. La mujer a mi lado comienza a llorar y ahora sí siento el movimiento.
 

Don Giovanni, el rey

... que bailar es soñar con los pies.
J.Sabina
 
Es de esas amistades que uno nunca elige pero te atan para siempre. Es de esos tipos que te llegan con dos cervezas a la mesa, te presenta una buena vieja y te regala la botella más fría. Tiene un aire de pescador napolitano; flaco, alto y buena pinta. No es buen negocio presentarle alguna amiga porque te deja tieso mientras se pierde con tu presa en la pista y tal vez no los vuelvas a ver en menos de dos semanas.
 

El otro Simón: Simón Rodríguez, el maestro del Libertador

En cercanías de Roma, Italia, dos hombres llegaron al Monte Sacro el 15 de agosto de 1805. Uno de ellos juró no dar descanso a su brazo ni reposo a su alma hasta alcanzar la libertad de su patria. Hoy, 212 años después, sabemos que cumplió su palabra y su nombre quedaría escrito para siempre en la historia de América. Sin embargo, casi dos siglos después poco se sabe del otro hombre, alguien que fue decisivo en la formación del Libertador, su maestro: Simón Rodríguez.