Algo pasa en Pozzetto: el fantasma de Campo Elías Delgado
Nicolás Zapata Linares Nicolás Zapata Linares
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Algo pasa en Pozzetto: el fantasma de Campo Elías Delgado

El 4 de diciembre de 1986 cambió la historia del restaurante Pozzetto y de Colombia para siempre. Nunca antes un suceso de estos había sacudido nuestro país, pero la abrumadora vida de Campo Elías Delgado Morales desbordó en quizá la peor masacre de este tipo que se ha vivido en la historia colombiana. Muchas son las narraciones y crónicas que cuentan lo que pasó aquel día gris, pero ninguna se ha centrado en lo que es hoy el restaurante. Es por eso que en calidad de narrador les voy a contar mi relato de una noche en Pozzetto y las memorias que este me dejó.
 
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Bogotá, viernes primero de marzo de 2019, una noche muy fría como es costumbre por estos días. Siempre me llamó la atención ir a Pozzetto y conocer un poco más de su historia. Me dirigí allí con mis padres, y la verdad no creí que me fuera a encontrar con lo que les revelaré.
 
Llegamos casi a las 8:30 de la noche. La fachada siempre ha sido la misma. Entramos, nos acomodamos y rápidamente un gentil mesero se acercó, se presentó y nos pasó la carta para ver qué queríamos. Pablo Amezquita era su nombre y lleva 5 años trabajando en el restaurante. Le pedimos un antipasto mixto de entrada, y de tomar mi padre pidió un whisky, mi madre un vino tinto y yo una cerveza Peroni. Luego de beber un sorbo me puse a detallar un poco el lugar. Todo es ambientado con un estilo muy clásico. Los colores verde, blanco y rojo en sus cortinas, sillas y lámparas hacen que por un momento sienta que está en Italia. “El mobiliario es prácticamente el mismo de siempre, solo que algunas mesas y sillas las tapizaron o cambiaron debido al suceso que ya conocerán”, señalo don Pablo, luego de algunas preguntas que le hice. Recogió unos platos y siguió con su trabajo. De aquí en adelante la historia se torna más interesante. Por un momento tuve el impulso de pedir los espaguetis a la boloñesa, el plato que siempre pedía Campo Elías Delgado, pero por consejo de mis padres y por gusto, pedí Raviolis Pozzetto.
 
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Interior de Pozzetto, Fotografía de Nicolás Zapata (01/03/19) 

El fantasma de Campo Elías

Mientras esperaba la orden noté que había muchas cámaras de seguridad, por eso me acerqué a la cajera, tenía que conocer otro punto de vista de lo que es Pozzetto hoy en día. Sadua Ramírez, de 37 años, dijo que todo era normal: “La seguridad, la ambientación y el resto sigue el orden que los dueños le dieron en su momento”. Luego, ella dijo: “En ocasiones la puerta de la entrada se abre sola, y es raro porque es muy pesada, también, el secador del baño de los hombres se prende solo”, terminó de hablar tranquila mientras recibía una cuenta. En ese momento una sensación de asombro me abrazó. Zozobra e intranquilidad me invadieron, ya que al parecer algún alma ronda por el restaurante. Volví algo pasmado a la mesa donde ya estaban los platos servidos. Probé bocado y volteé a mirar a las mesas donde noté que en algunas había extranjeros compartiendo. Esto hizo que le preguntara a don Pablo sobre la afluencia de asistentes a Pozzetto. “En los últimos meses mucha gente ha venido a conocer y a comer en el restaurante porque en mayo lo van a trasladar o se va acabar”, indicó un poco desencantado porque cree que un restaurante tan importante para Bogotá y Colombia no puede acabar así. Terminamos de comer y pedimos la cuenta con la sensación de que aún faltaba una historia más que conocer. Mi padre fue al baño y yo fui al bar, allí me encontré con Henry Saldaña, el barman de Pozzetto hace casi 9 años.
 
Fue él quien me contó lo más estremecedor de esa noche. Mientras servía unas cervezas habló de las experiencias que ha vivido en todo ese tiempo trabajando allí. “A veces uno está por ahí trabajando y escucha una voz al oído que le susurra y lo llama a uno por el nombre, en mi caso Heenrry, muy pasito”, contó mientras entregaba las cervezas a la mesera. Además, también coincidió con Sadua y otro mesero en que el secador del baño se prendía solo varias veces. Para él, es Campo Elías Delgado el que ronda por ahí, ya que siempre que iba a Pozzetto utilizaba el secador varias veces, luego de lavarse las manos. Todo esto me lo contó de manera calmosa, él no siente miedo, ya se acostumbró como todos los trabajadores que al parecer conviven con el alma del autor de la masacre.
 
Salimos del restaurante y compartiendo con mis padres lo que esa noche me había dejado, mi papá me interrumpió y dijo que cuando fue al baño escuchó unos ruidos extraños. Al parecer es verdad, algo pasa en Pozzetto.
 
Nota: Esta crónica fue realizada en la sede tradicional del restaurante Pozzeto de Bogotá, la cual va a ser demolida. El restaurante sigue abierto en otra sede, muy cerca de la original.