"Diario del fin del mundo" de Mario Mendoza: metaficción y abismo en tiempos oscuros
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"Diario del fin del mundo" de Mario Mendoza: metaficción y abismo en tiempos oscuros

En su última novela "Diario del fin del mundo" (2018) el escritor Mario Mendoza recupera los temas y universos que lo consolidaron como uno de los autores más populares de la literatura colombiana actual. Estos temas se relacionan con la visión caótica, pesimista, y en algunos casos nihilista, de sus personajes frente a una realidad abrumadora y cruel, asfixiante y violenta.
 
Mendoza vuelve a un relato, cargado de ingredientes especiales, donde no hay espacio para la esperanza y la felicidad, pero sí para un raciocinio intelectual que se empecina en proponer una mirada analítica, persistente por más oscuras y nauseabundas que sean las situaciones. Este raciocinio va a concluir en una de las máximas del autor: la literatura como actitud, como forma de enfrentar estas oscuridades, la lectura como oposición a esta arrasadora avanzada de aniquilamiento del individuo, la literatura y la lectura como formas de resistencia.
 
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Autor, personajes y lectores en una relación horizontal

En "Diario del fin del mundo" hay una novedad, sin duda atractiva para el lector: Mario Mendoza se presenta como personaje de la narración, produciendo la fusión entre la realidad y la ficción, en un mecanismo que busca dilatar estas fronteras con diversos fines. Uno de ellos, importante al realizar una lectura de los temas que mueven el relato, consiste en poner en el mismo nivel al autor, los personajes y al lector. No se trata de proponer un universo de ficción donde las oscuridades pesan, mientras el autor parece estar libre de tales circunstancias, ahora tenemos una relación horizontal cuyo efecto funciona de forma eficaz cuando el autor-personaje, Mario Mendoza, cuenta un hecho doloroso de su vida vinculado al precio que ha pagado por emprender su carrera de escritor.
 

El precio del camino del escritor

Aquí se nos presenta a un escritor que prefiere dejar de lado opciones vitales como tener familia, hijos y pareja estable, para optar por la soledad, el esfuerzo individual y aislado que exige la literatura. Es decir, la literatura tiene un precio que él ha decidido pagar. Una especie de sacrificio que el escritor personaje hace con toda conciencia del peso de su decisión.
 
Este relato es contado a través de la relación epistolar que el escritor sostiene con uno de sus grandes amigos de universidad, Daniel. Estas cartas giran alrededor de la relación amorosa y afectiva que ellos dos sostuvieron con Carmen, una compañera de estudios. A los tres los unía la pasión por las letras y una actitud de oposición a las normas sociales y a los condicionamientos del sistema capitalista y la realidad colombiana. Cada uno va a tomar un camino distinto, pero todos bajo la marca de lo radical: Mendoza y el camino de la escritura, que implica la renuncia a una vida normatizada por el paradigma de la familia; Daniel y su vinculación a un grupo guerrillero, como forma de oponerse a las injusticia sin fondo de la realidad colombiana y sobre todo para enfrentar el autoritarismo paterno, y Carmen, huyendo hacia Estados Unidos, renunciando a las letras, al estudio, a una vida tradicional en la academia, para enfocarse en el arte extremo.  

El tema del doble: padres crueles e hijos rebeldes 

En el relato, el personaje Mario Mendoza descubre que Carmen tuvo un hijo suyo y que ese niño murió, de una repentina enfermedad, en Estados Unidos. La noticia de esa prolongación vital, frustrada por la muerte, lo sacude y se transforma en el motor de la reflexión que circunscribe a la novela. Hay un juego de espejos entre la paternidad frustrada del escritor y la historia de su amigo Daniel y la relación con su padre. Daniel es hijo de un inmigrante alemán, un hombre autoritario y cruel que llegó a Colombia hacia finales de la II Guerra Mundial, procedente de Alemania. Las golpizas y el maltrato habían sido habituales en la vida de Daniel, que creció sintiendo un gran resentimiento por su progenitor.
 
Aquí entonces, ese juego de espejos toma un carácter de oposición de imágenes distorsionadas entre una paternidad frustrada, no deseada, a través del personaje escritor, y una paternidad fundada en la violencia y la crueldad, a través de la relación de Daniel con su padre. Reproducirse, multiplicarse, proyectarse en una especie de doble, constituye un proyecto nocivo, tóxico, que no llega a buen fin, en el universo narrativo de Mario Mendoza.
 
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Los escritores Abel Basti, autor de "Hitler en Colombia", y Mario Mendoza

Hitler y los nazis en Colombia

La narración entra en su recta definitiva cuando se cuenta la historia del padre de Daniel, un hombre llamado Karl Klein. Se trata de un antiguo oficial Nazi, que llegó a Colombia huyendo de la justicia internacional y logró camuflarse con éxito y fingir otra identidad. Aquí de nuevo la realidad asalta la ficción cuando entra a formar parte del relato la obra del escritor argentino Abel Basti y sus investigaciones sobre la huida del jerarca nazi Adolf Hitler a Suramérica.
 
Basti es autor de una serie de obras, escritas bajo una investigación y documentación exhaustivas, donde sostiene que Hitler no se suicidó cuando los rusos entraron a Berlin, sino que escapó a Argentina, en una huida pactada con el gobierno de Estados Unidos, cuyo precio fue la entrega de la bomba atómica, la cual ya había sido desarrollada por la Alemania Nazi. Numerosos testimonios a lo largo de varios países dan cuenta que Hitler pasó los últimos treinta años de sus vida organizando la resistencia nazi, a la espera del resurgimiento del fascismo. El hecho de que numerosos oficiales nazis hubieran pasado a formar parte de los ejércitos de muchos países suramericanos, con el objetivo de enfrentar la amenaza comunista, es elocuente acerca de las afirmaciones de Basti
 
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Recorte de un periódico internacional donde se comentaba acerca de la huida de Hitler a Colombia 
 
En "Diario del fin del mundo", el alemán Karl Klein es uno de estos oficiales nazis huidos a tierras suramericanas. Camuflado gracias a la numerosa presencia de empresas alemanas en Colombia, en aquellos años del final de la II Guerra Mundial, Klein logró burlar a las autoridades y llevar una vida en Bogotá. Tuvo un matrimonio por conveniencia donde nació Daniel. La madre de Daniel desaparece misteriosamente y éste cree que ha sido Klein quien la ha asesinado. Comienza a seguir a su padre y descubre su oscura verdad, por esto decide huir, primero hacia la guerrilla, y luego del país.
 
Klein va a ser parte de las estructuras silenciosas de represión y muerte que forman parte de la realidad colombiana. La violencia, la sevicia y el poco valor que tiene la vida humana en la sociedad colombiana, oscuridades promovidas desde altas esferas políticas, van a ser el camuflaje perfecto para un psicópata como Klein. El apocalipsis de violencia interminable que padece la realidad colombiana será un acicate más del fin del mundo que se anuncia al final de la novela. Un atroz epílogo que, acorde con el universo narrativo de Mendoza, no es sino uno más de los vasos comunicantes de la cultura del odio y la mentira que se apodera del mundo actualmente: posverdad, racismo, misoginia y el sentirse orgulloso de la ignorancia, banderas que apuntalan la hecatombe que se aproxima de la mano del resurgimiento del fascismo, a través de partidos políticos de ideologías extremas y caudillos, promotores de la calumnia y el odio, sujetos que avalan el resurgimiento de la figura de Hitler a través del culto a la personalidad y el fanatismo

La literatura como respuesta y escape

De la mano de uno de sus personajes más famosos, el detective Frank Molina, el escritor y personaje Mario Mendoza reivindica la literatura y la lectura como opción para escapar a la hecatombe. Leer como resistencia, escribir como actitud de lucha silenciosa y personal contra la dictadura de la ignorancia que, poco a poco, se impone, configuran una posible salida. El arte como último refugio de una mirada humana que nos ayude a pasar éstas épocas complicadas y nos permita entendernos un poco más. El arte como forma de no caer en el abismo. Para Mario Mendoza, el fin del mundo ha llegado, pero no podrá acabar con aquellos que van caminando por las calles bogotanas con un libro bajo el brazo.