"Sobre héroes y tumbas" como novela de aprendizaje: ¿el camino hacia el "hombre nuevo"?
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"Sobre héroes y tumbas" como novela de aprendizaje: ¿el camino hacia el "hombre nuevo"?

Ernesto Sábato es uno de los escritores más importantes de la literatura latinoamericana después de la Segunda Guerra Mundial. La publicación de "El túnel" (1948) lo consagró como un autor destacado e inauguró en las letras latinoamericanas una forma peculiar de existencialismo con su personaje Juan Pablo Castel. "El túnel" es hoy en día una de obra de culto que se sigue leyendo con interés y sigue causando impacto. 

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"Sobre héroes y tumbas": la juventud y la búsqueda de lo auténtico 

En 1961 Sábato publicó "Sobre héroes y tumbas", novela que se convertiría en un clásico y que para muchos constituye su mejor obra. Esta novela nos cuenta la historia de Martín, un chico existencialista, solitario y rechazado por su madre, desarraigado, quien huye de su casa y en medio de la confusión y del deseo de emprender un camino de autoconocimiento, se encuentra con Alejandra, una chica transgresora con un pasado oscuro, marcado por la presencia de su padre, Fernando Vidal Olmos, un tipo cínico y retorcido.
 
En la obra Martín se enamora de Alejandra de una forma profunda y conmovedora. Él busca entenderla, descifrar su complejidad interior, su oscuridad y ambigüedad. Alejandra oscila entre momentos de gran ternura, alegría e ilusión en que las cosas pueden cambiar en su vida, y momentos de gran tristeza, furia, rabia y lejanía, que lastiman mucho a Martín. De una forma dolorosa Alejandra llevará a Martín hacia una búsqueda de lo auténtico, lo verdadero y la belleza real en un mundo lleno de mentiras y crueldades.

Ernesto "Che" Guevara y su propuesta de "El hombre nuevo latinoamericano" 

Al tiempo que "Sobre héroes y tumbas" fue publicada, la Revolución Cubana (que había triunfado dos años atrás) estaba generando expectativa e ilusión en todo el continente americano. Más allá de los hechos, la Revolución Cubana intentó promover un nuevo modelo de ser humano, íntegro, auténtico, honesto, radical en sus principios humanistas y disciplinado en el trabajo, con valores trascendentes de compromiso en cambiar el mundo y una identidad que promovía la solidaridad con el otro.
 
Este modelo de ser humano era reivindicado en especial por el revolucionario Ernesto "Che" Guevara, en su propuesta de "el hombre nuevo latinoamericano". En la historia de la Revolución Cubana, el "Che" Guevara encarnó al "hombre nuevo" con su ejemplo en los años duros de la Revolución, cuando Guevara fue nombrado Ministro de Industrias y era ejemplo de trabajo, convicción y entrega para los que lo rodeaban. Son muchos los relatos sonde Guevara alentaba a sus subalternos cubanos a madrugar a trabajar en los despachos y luego salir al corte de la caña, a la zafra, ya que la producción de azúcar era fundamental para la economía cubana. 
 
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Ernesto "Che" Guevara cuando fue Ministro de Industrias
durante los comienzos de la Revolución Cubana
 
"El hombre nuevo" implicaba una radical transformación interior de la que iba a surgir un nuevo ser humano que lograría cambiar la realidad de pobreza e injusticia social en Latinoamérica. Esta sería la respuesta desde "el nuevo mundo" al sentimiento de desesperanza, desilusión y hartazgo que en Europa se sentía a través de autores existencialistas muy importantes, como Jean Paul Sartre o Albert Camus.
 
En la siguiente novela de Sábato, "Abaddón, el exterminador" (1976), publicada casi diez años después de la muerte de el "Ché" Guevara, el autor argentino cita numerosas veces al revolucionario y su propuesta de la necesidad de construir un nuevo modelo de sujeto para transformar la realidad latinoamericana. Guevara aparece como personaje hacia el final de la obra, cuando la novela se transforma en una especie de manifiesto literario donde Sábato expone las ideas de el "Che". Al realizar una lectura de "Sobre héroes y tumbas", enfocada en el proceso de aprendizaje de Martín, el cual es doloroso y abrumador, se puede establecer una comparación entre el camino que toma Martín en el relato con los principios que el "Che" Guevara proponía en la construcción de un nuevo sujeto en latinoamérica, un nuevo sujeto con una filosofía revolucionaria y un comportamiento ejemplar.

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La transformación del sujeto a través de un camino doloroso

En "Sobre héroes y tumbas" se pueden reconocer aspectos de la formación de este "hombre nuevo" en la experiencia de Martín. En efecto, el doloroso proceso de aprendizaje vivido por este chico tiene elementos en común con la radical concepción del "Che" Guevara, acerca de lo que debe ser el sujeto contemporáneo y su actitud ante la realidad. Una extrapolación del mismo Martín llevaría a pensar en la figura del revolucionario argentino como ese hombre en el que se habría transformado el adolescente de la novela.
 
Sin duda alguna Sábato no ignoró esta semejanza, razón por la cual la inclusión de Guevara y de algunos pasajes de su diario, en "Abaddón, el exterminador", responde a una idea de continuidad del proceso de aprendizaje y transformación interior, en la construcción de un sujeto íntegro y auténtico, que el autor argentino vio concretado, en una realidad histórica, en la figura del comandante revolucionario. Esta materialización de este ideario de Sábato vino a ser, al mismo tiempo, la confirmación de su visión estética sobre el poder visionario y transformador del arte y de la literatura. De esta forma, considerando la presencia latente de Guevara y su concepción del "hombre nuevo", se van a analizar algunos aspectos de Alejandra y Martín como caminantes de ese recorrido que lleva a la transformación interior y el nacimiento de un nuevo ser humano.
 
Juan Domingo Perón, Evita Perón y su hija, durante su gobierno los años 50,
cuando transcurre "Sobre héroes y tumbas"

El camino del hombre nuevo

Hasta sus últimos escritos Ernesto Sábado siempre apostó por la capacidad crítica y transformadora de los jóvenes. La fe que profesó Sábato en la juventud se fundamenta en la actitud receptiva del joven, en ser un sujeto en permanente observación y atención en el desciframiento del mundo en el que vive, un sujeto que comienza a actuar en su sociedad y que siempre va a representar lo nuevo y el cambio frente a las concepciones de las generaciones precedentes. Como hombre de ciencia, Sábato consideraba que la razón le indicaría al joven que algo no anda bien en el mundo, que el mundo real-objetivo en el que vive sufre un desajuste, una realidad de injusticia, que bajo los principios del proyecto de la modernidad resultan inaceptables.
 
Ese es el joven que, en la figura de Martín, se describe en la primera página de "Sobre héroes y tumbas":
Un sábado de mayo de 1953, dos años antes de los acontecimientos de Barracas, un muchacho alto y encorvado caminaba por los senderos del parque Lezama. Se sentó en un banco, cerca de la estatua de Ceres, y permaneció sin hacer nada, abandonado a sus pensamiento. “Como un bote a la deriva en un gran lago aparentemente tranquilo pero agitado por corrientes profundas”.
Esas corrientes profundas son ese torrente de ideas que bullen en la cabeza de Martín, a través de las cuales observa el mundo, donde se siente lejano y marginado pues intuye que muchas cosas no deberían ser como son. Al ubicar a Martín bajo un marco histórico concreto, en año 1953, Sábato se aleja de cualquier intención especulativa sobre la referencialidad de su proyecto literario. En Argentina son los años del segundo gobierno de Perón, una época compleja y difícil que anticiparía la llegada de la cruel dictadura de los años 60 y 70. Esto queda claro al final de la novela, cuando Alejandra se quema dentro de su casa el día en que el gobierno de Perón cae, en 1955, y todo está sumergido en el caos, es el fin de una época. No es la primera vez que Sábato escribe sobre los años 50 en Argentina, ya en "El túnel" había sido crítico con aquellos estetas de la posguerra que, como Mimi y Hunter, sólo veían el arte como un medio de seducción pero no de cuestionamiento y transformación.
 
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El contacto con la realidad social y política 

En "Sobre héroes y tumbas", a través de Alejandra, Martín entra en vivo contacto con la realidad socio-política contemporánea y la tradición argentina. Hasta ese momento Martín había sido un chico alejado del momento histórico que vive, desconocía así mismo la historia argentina y las causas de lo que en ese momento ocurre. Su proceso de aprendizaje va a estar, como la estructura formal de la novela, atravesado por la presencia de la historia argentina, no narrada desde la distancia académica, sino desde el testimonio directo de quienes participaron en la guerras de finales del siglo XIX.
 
Las palabras del diario de Guevara, que se citan en "Abaddón, el exterminador", recuerdan los testimonios de los soldados que en "Sobre héroes y tumbas" narran las luchas entre unitarios y federales, testimonios que retumban en la cabeza del bisabuelo de Alejandra. La concepción del escritor como visionario, que pregona Sábato, se confirma al indagar en la historia familiar de Guevara. Descendiente de irlandeses, los orígenes de Guevara se confunden con los orígenes de la familia Vidal Olmos en la novela, orígenes vinculados a la masiva inmigración que vivió la nación argentina durante el siglo XIX y XX.

El amor como proceso de aprendizaje en "El Dragón y la Princesa" 

La historia de las luchas del siglo XIX en Argentina fue conocida por Martín gracias a Alejandra, al mismo tiempo que se va enamorando de ella. Este su conocimiento representa una característica fundamental de su proceso de aprendizaje. Se podría afirmar, entonces, que en el primer capítulo de "Sobre héroes y tumbas", titulado "El Dragón y la Princesa", hay un doble movimiento que experimenta Martín.
 
El primero alude a la concepción del amor cortés, que señala el título del capítulo, tema clásico de la literatura de caballería, bajo el cual Martín vive su experiencia de amor hacia Alejandra. Un amor profundo y puro que Martín construye a media que conoce a Alejandra. El segundo movimiento es el de la experiencia de estar frente a la historia, materializada en el bisabuelo de Alejandra, que dará respuesta hacia el final de la novela a los trágicos acontecimientos que los dos jóvenes viven.
 
La alusión al amor cortés y a la literatura de caballería le aporta un sentido trascendente a la experiencia amorosa de Martín, imprescindible en su proceso de aprendizaje. Su condición de desarraigo, el rompimiento con su familia, le permite vivir con plena libertad este proceso.
 

Desarraigo, trascendencia del amor y conciencia de la tradición

En la formación del "hombre nuevo" la trascendencia de la experiencia amorosa va a ser fundamental y va a ir acompañada del desarraigo como condición de liberación para aprender lo nuevo. Al comienzo de la novela Martín se ha ido de su casa y se ha alejado de su madre, quien lo maldecía por haber nacido. Ese mismo desarraigo lo vive Alejandra, descendiente de una ilustre familia que luchó en las guerras civiles. Alejandra odia su familia, en especial a su padre, y no quiere parecerse en nada a ellos. 
 
Al hablar de desarraigo surge aquí otro elemento que permite asociación con la figura del "Che Guevara", si se tiene en cuenta que él también dejó atrás casa y familia cuando decidió emprender el viaje por Sudamérica. Viaje que recuerda el deseo de Alejandra de realizar las misiones en el Amazonas con su amigo Marcos Molina.
 
Desarraigo, trascendencia en la experiencia amorosa, reconocimiento y conciencia de la historia parecen ser las primeras etapas en la formación del hombre nuevo. Martín, cuando escucha la narración de Alejandra sobre su proceso formativo con Marcos Molina y la intensidad con que ella vive este proceso, prefigura el camino que él va a recorrer.

La crueldad de la sociedad en "Los rostros invisibles"

La experiencia dolorosa de ese camino de formación se narra en el segundo capítulo de la novela, "Los rostros invisibles", cuando la novela toma un giro y aparecen personajes que van a alterar las cosas. El último rastro de la vivencia de ese idealizado amor cortés lo vive Martín cuando va con Alejandra al bar de Vania, y con la cabeza recostada en sus piernas observa las luces de la ciudad tras las ventanas. Estas luces anuncian ese orden social que va a conocer en el siguiente capítulo: 
El mundo exterior había dejado de existir para Martín y ahora el círculo mágico lo aislaba vertiginosamente de aquella ciudad terrible, de sus miserias y fealdades, de los millones de hombres y mujeres y chicos que hablaban, sufrían, disputaban, odiaban, comían. Por los fantásticos poderes del amor, todo aquello quedaba abolido, menos aquel cuerpo de Alejandra que esperaba a su lado, un cuerpo que alguna vez moriría y se corrompería, pero que ahora era inmortal e incorruptible, como si el espíritu que lo habitaba transmitiese a su carne los atributos de su eternidad. Los latidos de su corazón le demostraban a él, Martín, que estaba ascendiendo a una altura antes nunca alcanzada, una cima donde el aire era purísimo pero tenso, una alta montaña quizá rodeada de atmósfera electrizada, a alturas inconmensurables sobre los pantanos oscuros y pestilentes en que antes había oído chapotear a bestias deformes y sucias. (El Dragón y la Princesa, XVII, 125)
Las luchas de la guerra civil del siglo anterior, que Martín conocerá de mano del bisabuelo de Alejandra, se van a materializar en la realidad que vive el joven en aquellos años en Buenos Aires. Y sobre todo en la realidad de Alejandra y el peso terrible de su familia y su apellido.
 
El conocimiento de la destrucción de la guerra tendrá su correspondencia en ese proceso de destrucción interior que va a vivir Martín en los capítulos siguientes. La experiencia de Martín, su sufrimiento ante lo que pasa con Alejandra y los hechos terribles que va a presenciar y lo van a cambiar, anuncian que para ser un sujeto nuevo el ser humano debe destruirse a sí mismo, acabar con lo precedente para sí poder acceder a un renacimiento.